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Marta MolinaAcompañamiento terapéutico
Adicción

La adicción no es falta de voluntad

Por qué la fuerza de voluntad fracasa una y otra vez, y qué hace distinto un proceso que va más allá de la abstinencia.

Por Marta Molina2 min de lectura

Casi todas las personas que llegan a consulta por una adicción han intentado dejarlo antes. Varias veces. Con propósitos firmes, con fechas señaladas, con promesas hechas a quien más querían. Y han fracasado. La conclusión que sacan siempre es la misma: soy débil.

No lo son. Están intentando resolver con voluntad un problema que no es de voluntad.

Qué es realmente una adicción

Es una enfermedad progresiva, crónica, familiar y potencialmente mortal. Progresiva porque empeora si no se trata. Crónica porque no desaparece, se gestiona. Familiar porque reorganiza la vida de todo el entorno. Y mortal porque, sin intervención, tiene un final previsible.

Además cumple una función. La sustancia o la conducta está tapando algo: un dolor, un vacío, una emoción que no se sabe sostener. Cuando retiras la tapa sin atender lo que hay debajo, lo de debajo sigue ahí. Y vuelve a pedir tapa.

Por eso la abstinencia sola no basta

Dejar de consumir es necesario y no es suficiente. Una persona abstinente que no ha trabajado el origen vive aguantando la respiración: sostiene el impulso con esfuerzo constante hasta que un día el esfuerzo no llega. A eso se le suele llamar recaída, y en realidad es el síntoma de un trabajo incompleto.

Las tres capas del método SART

  • Contención: estabilizar la situación y proteger a la persona en la fase de máximo riesgo.
  • Rehabilitación: ir al origen a través del crecimiento personal, no solo retirar la conducta.
  • Propósito de vida: construir motivos concretos por los que sostener el cambio cuando la motivación inicial se apague.
La abstinencia quita algo. La recuperación tiene que poner algo en su lugar.

Si estás leyendo esto por alguien

El entorno también puede empezar. No hace falta esperar a que la persona afectada pida ayuda para trabajar el desgaste, los límites y la codependencia. De hecho, muchas veces el movimiento del entorno es lo que acaba abriendo la puerta.

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